Silencio

29 Oct 2025 · Relatos

El silencio es el descanso del discurso, el ritmo de las frases, el vacío de la música, el contrapunto de la palabra. Otras veces es la elocuencia de una despedida, la inmensidad de una ausencia, el peso de una afirmación por omisión. El silencio es el vivero de los pensamientos, campo de batalla de la razón. Es el único camino a uno mismo, al interior, a dónde se llega solo atravesando el desierto de la soledad y el bosque en el que habitan nuestros monstruos (que todos tenemos dentro, y hay que tener coraje para enfrentarlos…). El silencio es el lenguaje que saben manejar a la perfección los enamorados, porque el silencio permite escuchar y ver; es la clave para dejar que el otro nos alcance de lleno. La muerte también es silencio, y este en ocasiones asusta, inquieta y nos hace sentir pequeños y vulnerables; pero la contraparte es que el silencio de la muerte también nos hace conscientes de la vida, no se podría entender la vida sin la muerte. El silencio guarda la magia, el misterio; un niño, cuando se queda ojiplático por algo sorprendente, únicamente abre la boca, inspira bruscamente y retiene aire en silencio, como si fuese a romper el momento si hace algún ruido de palabras…

Es un tesoro, es esencial, es parte de la contemplación de nuestro presente; pero cada día es más difícil lograrlo, y cada día hay más gente incapaz de aguantar los silencios. Tenemos hilo musical en todas partes, nos hemos acostumbrado a tener sonido de fondo de forma constante, listas de reproducción casi infinitas, porque ni estudiar en silencio sabemos… Vivimos en una cultura del ruido, ya sea ambiente o mediático, con sonido o con globos de notificación; el caso es que para lograr silencio uno tiene que esforzarse. “Pongo la tele para que me haga compañía” Cada vez que escucho esto no sé si sentir compasión o terror, es como si el que lo afirma tuviese miedo de quedarse solo consigo mismo por estar vacío; o peor, porque no se aguanta a sí mismo; sería como una especie de histeria que clama que le libren de su propio yo. Pavoroso.

Merece la pena el esfuerzo del silencio, al principio cuesta, pero luego es delicioso. Hay que resistir los impulsos de mirar el móvil; cosa que a día de hoy se ha vuelto casi instintiva en toda la sociedad - Siéntese un momento y espere.- Y acto seguido desenfunda el móvil el paciente para llenar ese hueco… La tentación es potente, no lo voy a negar. Desde leer un libro en digital, las noticias, mandar ese mensaje… o cosas más mundanas como empezar a ver vídeos en una red social. Cualquiera de esas cosas es más atractiva que quedarse mirando a una pared, a las baldosas del suelo o a esa cortina que tiene una mancha.

La consciencia del ahora y del yo la tomamos en el silencio. No tener silencios es vivir adormilados, llenos de estímulos que no te permiten detenerte a evaluar. Desbordamiento, saturación. El silencio, en cambio, es el discurso que brota claro sin ruido de palabras, es expansión y crecimiento, orden y paz, acción en la inacción. Quizás la muerte sea el mayor silencio precisamente por esto. Una sociedad que no guarda silencios, está en peligro de perderse, de diluirse el individuo en la masa y desaparecer. Sería terrible. Tenemos que recuperar el silencio.

Los libros del Tao, no dejan de decir cosas obvias, pero quizás en ello resida su enorme sabiduría:

Actúa sin actuar,

ocúpate en no ocuparte en nada,

saborea lo que no tiene sabor.

Tanto en lo grande como en lo pequeño,

cuando se tiene todo por fácil,

por fuerza se encuentra todo difícil.

De ahí que el sabio tenga todo por difícil

y así nunca tropieza con dificultades.

(Lao zi)

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Nos leemos,

Josete