Septiembre

8 Sep 2025 · Relatos

Septiembre tiene el olor de los libros nuevos, con el forro de plástico aún intacto y el nombre en la portada. Los ánimos por aprender lo que traen en su interior apenas se pueden contener y se desbordan en un pasar páginas, en una búsqueda que roza la adivinación sobre lo que será el curso. Es el mes en que el color lo ponen las pinturas de madera ALPINO que aún están todas afiladas, intactas, sin ninguna mella y sin estrenar. Predominan los amarillos y naranjas de las hojas que piden otoño y de los atardeceres casi estivales, ya los últimos. El lapicero (negro y amarillo rematado en rojo, 2B) aguarda intranquilo los primeros mordiscos de alguna mandíbula ansiosa, o simplemente aburrida, que terminará por destrozarle antes de que se agote. Ser lápiz es estar predestinado a ser reemplazado antes del fin de tu vida útil, los últimos centímetros de grafito, saben por adelantado que no llegarán a escribir nunca, salvo que algún insensible (que los hay) saque punta al lápiz al revés. La goma MILÁN, mantiene su color original con las puntas redondeadas; aguarda para enmendar ese error, que dejará en ella rastros grises y un trozo menos; porque los errores, aunque se borren, siempre dejan alguna huella, no son gratuitos.

Los días de septiembre mantienen algo de verano, pero ya de una forma nostálgica. El primer atasco, las primeras prisas por meterse en la rutina o el primer sinsabor del curso hacen que las vacaciones hayan quedado demasiado lejos. Aunque lleves el mismo vestido que también te ponías en las vacaciones, el escenario ha cambiado. Porque septiembre mantiene la magia de la despedida junto con el comienzo, el adiós a las vacaciones, al buen tiempo, al verdor de los árboles… y tiene la emoción del empezar, casi tanto o más que el 1 de Enero. En septiembre comienza el curso académico, también lo hace el laboral en muchos aspectos; y dan comienzo las colecciones por fascículos (¿habrá llegado alguien a montar un coche de F1 por fascículos alguna vez o se habrán quedado en la entrega 725?). Es un mes entre dos aguas, en el que aún conviven las chanclas de algunos que se resisten a dar portazo al verano con los mocasines y corbatas de las jaulas de hormigón; chapuzones de alguna piscina abierta los primeros días de mes, junto con las chaquetas para la noche y el amanecer, “que ya refresca”.

HANS ANDERSEN, Sendero arbolado en otoño , 1902

Muchos estrenan agenda y con ello nuevas metas, “este curso aprendo mandarín, ya verás”. Queremos enmendar la dejadez del curso pasado y la desidia de las vacaciones, apuntándonos a esas clases de fitness que este curso, no volveré a abandonar en noviembre (para luego, de nuevo, apuntarme de enero a febrero). Y nada de esto es malo, lo malo sería que nunca quisiéramos mejorar. Además, estos primeros días de mes, aún pensamos que tenemos tanto tiempo como teníamos en vacaciones, y hacemos planes que sabemos perfectamente que no podremos realizar… Y tampoco es malo, lo malo sería no tener ninguna ambición, pretender hacer lo mismo o menos que el curso pasado. Eso sería invernar, y de momento no estamos en invierno, o no deberíamos…

Septiembre nos recuerda que hay una parte de la vida que es cíclica, los árboles que hoy pierden hojas tendrán nuevos brotes en abril. Esos mismos árboles, a la vez, nos recuerdan que nuestro tiempo aquí es finito, igual que el de la hoja que comienza a perder verdor, esa se caerá y no volverá a sentir la vida que le transmite el árbol. Ciclo y fin, comienzo y muerte. La sociedad moderna nos pide pasar página y avanzar rápido, si nos despistamos los centros comerciales comenzarán ya con su decoración de Navidad en breve, o lo que es peor, con halloween… ¿Una fiesta que celebra lo malo y lo perverso? En la que disfrazan a sus hijos de aquellos que son los malos de las historias. No le veo la gracia ni el sentido a semejante exaltación de la maldad. No es divertido, es idiota, sin perdón.

Cada época del año es bonita, solo hace falta buscar esos aspectos que así la constituyen. Y la nostalgia del otoño lo hace perfecto para la poesía, porque la mejor poesía ha brotado de los nostálgicos, de las heridas del alma y del abismo del ser. Y las caídas de las hojas y las vueltas a los coles, al trabajo y a los atascos; son despertadores de esta profundidad que muchas veces pasamos por alto. Porque todo ese tiempo de libros nuevos y lápiz a estrenar, a ti, como a mí, nos queda ya lejos; y a veces duele, tiene que doler. Un dolor agridulce, con tintes de añoranza y sabor tibio a felicidad remota. Lo tenemos en el recuerdo, y aún lo vivimos cuando pasamos por estas fechas por las puertas de un colegio o de una librería con ese cartel “Libros de texto” (como si existiesen libros sin texto…). Esa época pasó, pero la felicidad, tan sencilla y simple de los niños que comienzan curso, aún está al alcance de nuestras manos; si enfocamos la vida como debe ser, si nos preocupamos solo de lo importante de verdad y somos capaces de disfrutar del ahora, con tranquilidad y sin ansiedad, como un niño en sus primeros días de clase. Octubre ya llegará, no hay prisa.

Nos leemos, Josete