Lo que hace que merezca la pena
Lo que vas a leer a continuación es un texto basado en el artículo “Lo que hace que merezca la pena”, publicado el 29 de diciembre de 2025 en El País. Te dejo un párrafo para más contexto:
Años después, comprendió que lo decía para consolarle, pero en aquel entonces, decidido a darle a su padre una lista de argumentos irrebatibles para devolverle las ganas, escogió un cuaderno para anotar todo aquello por lo que merecía la pena seguir vivo. […] Es poco probable llegar a la edad adulta sin haber aprendido que la vida puede ser un lugar hostil, injusto, terrible. Y, aun así, creo que todos seríamos capaces de rellenar cuadernos con motivos para convencer a uno de los nuestros de que la vida vale la pena.
Lo que hace que merezca la pena
Algunos de los motivos que hacen que merezca la pena son la cara de sorpresa de los niños pequeños, la risa descontrolada de unas cosquillas a traición y las mañanas de domingo con chocolate y churros. Los encuentros fortuitos en estaciones y aeropuertos, los “¿te acuerdas cuándo…?”, los abrazos por sorpresa en la calle y que te griten porque te han reconocido pese a haber pasado años.
En la lista de motivos para agarrarse a esta vida también estaría el mirar enamorado, que te miren también enamorado; el primer “te quiero”, la primera vez que paseamos de la mano. Que te llamen y te digan “contamos contigo, bienvenido”, la llamada a quién más quieres para decirle que cuentan contigo. Casarse con quien más quieres, el positivo en el predictor, el primer llanto de un bebé. Llegar a casa y sentirte esperado, que te recojan en el aeropuerto y que te acerquen a la estación.
No podría faltar en esa lista el que te llamen porque te echan de menos, los “quédate un rato más” y los “vuelve mañana de nuevo”. Cantar esa canción juntos, ver amanecer de vuelta a casa después de una boda y los caramelos de los bautizos. Correr para no mojarse por la lluvia y terminar empapado, verte despeinada al despertar mientras dices “cinco minutos más” y que haga frío para abrazarnos más.
Otros imprescindibles son la noche de San Juan, el suplemento del periódico de los domingos, las flores de los almendros, la nieve en la montaña y el atardecer en el mar. Las estrellas en las noches de helada y los grillos en las de verano. El agua fría del río y el calor de la chimenea en invierno, las nubes desde el avión y la lluvia en el cristal del tren. El olor a flores, el griterío de un patio de colegio, el silencio de un templo, el crepitar de la hoguera y el susurro de la fuente.
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Se me ocurren docenas de motivos y me ha parecido un ejercicio increíble el pensar cosas que merecen la pena. Creo que este tipo de listas puede ser una buena tabla a la que asirse cuando el mar de la vida se pone bravo y amenaza naufragio, o simplemente para leer un lunes cuando suena el despertador. Está bastante relacionada con el post “Me gusta”. ¿Y tú? ¿Tienes tu lista de motivos por los que merece la pena?