La joven de las naranjas
¿Estás cómodo, Georg? Es importante que estés bien sentado, porque voy a contarte una inquietante historia. Así comienza una carta-libro sobre la que escribo hoy.
Hace poco menos de un mes estuve en Granada, solo bajar del tren me llamaron la atención los naranjos 🍊 y me vino a la memoria el libro “La joven de las naranjas” de Jostein Gaarder. Ya lo había leído, hace unos catorce años, pero lo pasé de inmediato a la cola de lectura para darle otra vuelta. Si lo has leído, estarás pensando que soy un completo idiota, ya que el libro habla de Sevilla, que nada tiene que ver con Granada (no me acordé hasta que llegué a esa parte del libro). En mi defensa diré que para los del norte, nos cuesta diferenciar, dado que en ambos sitios se pronuncian la misma cantidad de “eses” (y ambas ciudades son preciosas y sus gentes encantadoras, no le des al unsubscribe aún querido lector andaluz.)
Como este finde ha hecho malo 🌧️, he pasado menos horas encima de la bici y me he ventilado el libro en un día. La primera vez, aún lo recuerdo, me caló hondo como novio (¡un saludo a mi esposa y por aquel entonces novia!). Es una historia de amor mágica. Esta segunda vez, me ha reconfortado en el recuerdo del noviazgo y me ha golpeado en la figura de la paternidad. Los libros se pueden leer en distintas etapas de la vida, y en cada una, si el libro es bueno, te tocará de una forma distinta. En esta ocasión, lo reconozco, me he emocionado hasta el punto de llorar 😢.
Aprovecho para mandar recuerdos, (no sé si me lee, bastante tuvo que aguantarme la pobre con mis faltas de ortografía… Era, y soy un asesino ortográfico en muchos casos), a aquella profesora de filosofía que me lo recomendó en su día, como colateral a “El mundo de Sofía” del mismo autor.
La joven de las naranjas, para darle una vuelta
Ya deberías de llevar dos libros en la cesta y aún no hemos entrado en materia. Pero no vengo aquí a hablar de la historia, que está muy bien y recomiendo. Vengo a tocar temas más ligados con la filosofía (todo tiene que ver la filosofía, existir es filosofar; existir sin filosofar es únicamente vegetar). Sin destripar el libro, los modernos dirán “hacer spoiler”, quiero ponerte delante una pregunta que laza el libro:
“Imagínate que hace miles de millones de años, cuando todo se creó, te encontraras en el umbral de este cuento y pudieras elegir si quieres nacer a una vida en este planeta. […] Lo único que sabrías es que, si eliges entrar en el mundo, tendrías que despedirte y dejarlo todo algún día. […] ¿Habrías elegido vivir una vida en la tierra, larga o corta, dentro de cien mi o cien millones de años? ¿O te habrías negado a participar en el juego por no aceptar las reglas? […] Así son las reglas. Si eliges vivir, también eliges morir.” ☠️
Tela. ¿Ahora qué? Si verdaderamente has alcanzado a comprender el significado de la pregunta, quizás sientas vértigo y no quieras continuar leyendo este email. Si tienes despierto el pensamiento, estas preguntas te paralizan y te generan un vacío en el interior. Por el contrario, si más bien tienes adormilada la razón, estas preguntas te parecerán absurdas. No pasa nada, puedes despertar a la razón pegándole otra vuelta a la pregunta. Y luego, como prescripción médica, te diría que dejases el móvil y las pantallas un tiempo, que dejases de leer panfletos para leer libros serios (clásicos de la literatura valen, no es necesario que empieces por Tractatus de Wittgenstein 🙈) y que te pares a pensar con más frecuencia.
Si eliges vivir, también eliges morir. Una única regla, pero con unas implicaciones trascendentales. Cada uno que desarrolle su respuesta. No te voy a decir yo la respuesta correcta, no la tengo y quien te diga que tiene respuestas certeras a estas cosas te engaña. Sí que te diré una reflexión que sale al paso de este tipo de preguntas, en nuestra putrefacta vida moderna. Creo que no somos conscientes de nuestra vida.
Estamos hipnotizados y nos drogamos con ocupaciones sin fin, para no detenernos a mirar al abismo de la muerte. Nos engañamos, vamos posponiendo el tema de forma inconsciente. Vivimos sedados, sin madurar, porque aceptar el final de la vida es madurar, es entender las reglas del juego. Dentro de entender las reglas cabe la posición de que te enfaden y de que no te gusten. Pero es un absurdo que hayamos perdido el asombro por esta fuc***g maravilla que es la vida. La Joven de las Naranjas también trata del asombro, tan necesario para la filosofía… Otro día vuelvo con este tema.
El problema de fondo es que la mayoría de la sociedad vive como si no fuese a morirse nunca. Siempre que pienso sobre esto me imagino a Cloto, Láquesis y Átropos (no pienso explicarte quienes eran, lo buscas 🔎) partiéndose la caja a cuenta de esos pobres ilusos.
Perder de vista el final, es perder el punto desde el que poner perspectiva. Una frase de un amigo que ayuda a entenderlo mejor “Si algo no tiene importancia el día de tu muerte, tampoco es importante ahora”. Si tenemos más en cuenta que un día de estos vamos a “estirar la pata”, quizás no nos pasaríamos tanto tiempo con viendo basura en redes, o sabríamos valorar más los momentos con amigos, quitaríamos importancia a ese problema que ahora nos parece un mundo…
🚀Para pensar🚀
🔥¿Qué eliges? Estás ahí con el creador de todo esto, ya está el tablero y los dados, tienes la oportunidad de tomar una carta del mazo, que va a determinar quién eres y comenzar a jugar. Empieza a correr el hilo de la rueca hasta que Átropos meta tijera al asunto. Va a doler, da igual el credo que profeses, despedirse duele.
🔥O… consideras que no merece la pena, le pegas una patada al tablero (el dado va debajo del sofá… menudo lío levantar el sofá, puede ser como la caja de pandora: una merienda de hace cinco días del hijo mayor, el juguete desaparecido, aquella carta de hacienda…) y te vas. ¿Sabes? Esta posición no es tan distinta a la de jugar, pero sin tomar conciencia de que estás jugando, que creo es la opción mayoritaria a día de hoy. “Juego, pero hago como que esto no va a terminar nunca y así no me lío la cabeza pensando que voy a palmar un día. Voy a ver otro reel en insta”
Voy cerrando, hoy ha quedado larga. Pero seguro que tienes unos días libres esta semana para darle alguna vuelta. Termino también con una cita (no viene del todo a cuento, pero me gusta y como el que escribe soy yo, hago lo que me parece 🤘), que frecuentemente me espetaba un amigo:
“Los cabrones también os morís” A lo que recientemente conocí réplica: “Sí, y nos entierran boca abajo para que si despertamos, al rascar, no salgamos a tierra”.
De verdad, merece la pena contextualizar la vida pensando en el final. Otro consejo lee la Joven de las Naranjas, o vuélvelo a leer si ya lo has hecho.
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Nos leemos, abrazos.
Josete