Verano
Verano.
Verano de vacaciones.
Verano de calor de mediodía, de volante de coche que abrasa y de noches sin brisa.
Verano de fresco al amanecer, de morder helados y de hielo titilante en el pacharán.
Verano de paseos después de cenar y de tertulias en la calle y en los bares.
Verano de paella en familia, de barbacoa con amigos y de cenas románticas en terraza.
Verano de días largos y noches a veces también largas, de esas en las que el amanecer sorprende a los incautos que aún siguen de verbena.
Verano de playa o montaña, da igual; lo importante es que se vea en Instagram que llevas todo el año ahorrando para esa foto. ¿No?
Verano de desconexión, de olvidar contraseñas y hasta la dirección de la oficina; como cuando éramos niños y en septiembre habías olvidado hasta cómo se empuñaba el lápiz.
Amor de verano, canción de verano, cuadernillo Rubio, atasco de verano en operación retorno y lluvia de estrellas en agosto; para este año han preparado también un eclipse, todo un detalle.
Tormenta de verano y olor a tierra mojada, truenos para dormir y rayos que iluminan los tejados del pueblo (pueblo de verano, por supuesto). Piscinas y madres persiguiendo a hijos para que no se les corte la digestión, playas, chiringuitos y guiris torrados de un rojo preocupante (sin ser dermatólogo). Mosquitos ninja asesinos, luciérnagas, locutor suplente en el programa de la radio e incendios. Malditos locos.
Etapa llana del Tour con pérdida de consciencia en el sofá, bruma en la mañana y sol en la tarde, alpargatas de esparto, salmorejo, sonido de aspersores al amanecer, pistolas de agua, el balón del Mundial, crema de sol y picaduras de avispa. Criaturas del demonio.
Verano de reencuentros y de despedidas, de procesiones solemnes con banda municipal de música, dianas y alboradas y fuegos artificiales.
Verano de lectura ligera, escritura evocadora y artículos gastronómicos.
Verano con los colores de Sorolla.
Verano de recuerdos.
Verano, verano, verano.