Una vida plena

1 Sep 2025 · Filosofia

Por norma general, cada uno de nosotros, pretende vivir una vida plena; independientemente de que así se lo haya planteado o simplemente forme parte de su subconsciente. Ahora bien, otra cosa es tener claro en qué consiste esa “plenitud”, he ahí la enjundia y el secreto del potaje. Una asociación que se hace con frecuencia es que la vida plena, tiene que ver con la felicidad; esto genera otro conflicto aún mayor, dado que no hemos sido capaces de fijar dónde está la felicidad, de forma genérica. El subjetivismo nos sugiere que cada uno ha de encontrarla, y sumado con el relativismo tenemos que en unos será una cosa y en otros otra; argumentos bastante razonables, pero que termina dando problemas cuando el público que ha de buscarse su felicidad es más manipulable que la arcilla húmeda, y termina sucumbiendo a los encantos de las propuestas de líderes y profetas de distinta índole.

Este es el escenario en el que nos encontramos, una humanidad desnortada, que por norma general no sabe si vive para Dios, para alinear los chakras, para dar envidia en Instagram, para ser la más trend alguna red social… Últimamente, se ven casos de humanidad que pretenden no ser humanos y ser de otras especies y se comportan como tal… No termino de creerme que esto sea del todo cierto y no sea parte de una parodia. En cualquier caso, ¿Qué carajo hacemos aquí? Esta pregunta, deja en blanco a más de uno. ¿Qué ha venido a hacer usted a esta vida? ¿Trabajar 8 horas al día o más, ganar lo justo para no morirse de hambre y veranear y pasear al perro para que orine y salude a otros canes? La respuesta más común suele ser un “He venido para ser feliz” y acto seguido empiezan una nueva serie de Netflix, no sea que se le ocurra pensar “¿qué es la felicidad?” y se encuentre en un atolladero mental del que no sepa salir sin buscar en tick tock algún gurú que se lo explique.

El modelo social actual, sostenido por los medios de comunicación, la globalización y las redes sociales, es el mayor tirano al que se ha enfrentado la humanidad. No tenemos grandes cadenas ni estamos sometidos al régimen de un noble, pero miles de hilos nos mantienen atados como hicieron los liliputienses con Gulliver. Es una mentira que cada uno tenga que buscar la plenitud, el modelo social te lo dicta. Es una falacia que debas encontrar tu felicidad, ya se encarga el mercado de decirte que te hace feliz en cada momento. Las modas y las tendencias, junto con la avaricia y el poder de unos, más la estulticia e idiotez de las masas, son los ingredientes perfectos para fermentar una sociedad adocenada y dormida. Ahora pueden mear por encima nuestro, que diremos que llueve si así nos lo dicen en los diarios y en redes. ¡Qué exagerado! Bueno, no voy a poner ejemplos por no entrar en política… pero seguro que si piensa usted un poco encontrará alguno.

No estamos alienados por no tener los frutos del trabajo, eso ya pasó señor Marx, sus seguidores aún no se han enterado, o prefieren no enterarse y seguir viviendo del cuento… El hombre se ha alienado a sí mismo porque ha vendido su ser individual al conjunto, su criterio lo ha reemplazado por el mayoritario (voluble y moldeable a gusto de los poderes) y su libertad la ha encadenado al poder adquisitivo y al dictamen de las apariencias. El mercado y la modernidad lo han atrapado como un adicto queda enganchado al caballo o al perico; y lo que es peor, las autoridades y los gobiernos lo celebran porque tiene que seguir la rueda girando y aplastándonos, mientras la sociedad, hedonista hasta la médula, vive persiguiendo placeres y bagatelas en busca de una felicidad parcial y caduca. La revolución francesa y la ilustración rompieron con un régimen, lograron desbancar a una clase social que gobernaba para poner a otra, que fue y es igual de tirana y despiadada, pero con otros medios menos llamativos (aunque lo de la guillotina no fue una cosa muy sutil tampoco…) ¿Y la Ilustración? Más de lo mismo, abolieron la “dictadura moral de la religión” para sucumbir a la dictadura materialista e interesada de la nueva clase gobernante. Lograron que no quedase un sistema que les reprochaba que moralmente actuaban mal, ya tenían vía libre para sus descaminos. Ahora nada te impide explotar al pueblo, engañarle, hacerle pobre y expoliar toda libertad en nombre de la libertad, paradójicamente. ¿Y la censura y la inquisición? Ah, ¿es que acaso no hay censura e inquisición ahora? Fíjese en qué punto estamos que hemos tipificado penalmente odiar (nos queda aclarar que se puede odiar y qué no, porque no todos los odios son iguales parece ser…) y en la que hay discursos políticamente incorrectos, es decir, hay un discurso oficial, una verdad oficial y una forma correcta de decir las cosas… También existe una inquisición que señala y persigue las opiniones que no forman parte del discurso oficial del que son devotos, en algunos casos incluso pagada oficialmente; en otros son simples adeptos a la religión del tándem gobierno-oposición. Galileo tuvo voz ante un tribunal, ahora no queda ni eso cuando hablamos de redes sociales y medios. La sentencia la dicta un público enfurecido que busca carnaza en unos medios manipuladores y que adulteran cualquier realidad para que sirva en sus intereses. Borregos, somos una sociedad de borregos y nos pastorean lobos.

Sumemos a esto que vivimos en la sociedad de la transparencia, en la de las vidas escaparate en redes sociales, nadie puede plantearse que su felicidad consista en una vida plana, sencilla, normalita y sin grandes experiencias, sin pagar suscripciones, sin viajes mochileros… Además, todo ello hay que mostrarlo en público, de no hacerlo es como si no hubiese pasado. Tampoco se perdona en este vodevil que alguien no esté feliz, o se aburra, o simplemente esté triste. Todo el mundo está bien y le salen las cosas de maravilla. Lo que no vende en esta sociedad es una felicidad de andar por casa, de sacar una familia adelante y dedicar tu tiempo a ella; de buenos ratos con amigos, conversaciones agradables y sobremesas largas, de buenas lecturas y ratos de reflexión… Eso no atrae. Así nos lo ha vendido el sistema desde hace tiempo**. Se ve que la humanidad ha sido infeliz hasta ahora mismo**, milenios de gente que vivió y murió sin saber que la felicidad está en una vida miserable pero hiperconectada, culturalmente nula pero con acceso gratis a la misma, en la que uno no tiene en propiedad ni un metro de tierra para plantar una lechuga, pero vive convencido de que así ha de ser. Hubo aldeanos, propiedad de nobles en la edad media, con más libertad patrimonial que la mayoría de la sociedad actual, que, en el mejor de los casos, ya ha terminado de pagarle al banco un piso en una ciudad. Un piso, que no tierra, la tierra sobre la que se asienta el edificio no es suya. Volviendo a Marx, en parte se han alcanzado los objetivos de abolir la propiedad privada… Entre eso, el materialismo, el control de los medios y que mediante los impuestos el trabajo sea casi al 50% para el “bien común” podemos decir que un comunismo cutre ha ido ganando partidas…

Estamos en la cúspide del desarrollo, hemos alcanzado metas inimaginables hace años en el desarrollo tecnológico, científico… de subir tan alto quizás ahora lo que quede sea el abismo y la caída; dado que la sociedad, contrariamente al desarrollo material, parece haber experimentado una involución en el pensamiento y en la moral; que afecta también al arte y a todo tipo de expresión humana. No hace falta más que mirar las últimas producciones artísticas en el campo de la música, pintura, literatura… Creo que decir que el arte moderno es decadente, es poco. Y todo ello se debe a una crisis identitaria del ser, los antiguos filósofos, hasta la modernidad, se plantearon qué es el ser, llegando a algunas conclusiones, o a ninguna una en otros casos. La primera herida en el ser la abrió Homero, con aquella cólera (menis) de Aquiles, en la que perdía su esencia de guerrero y con ello tenía una crisis del ser. Desde entonces, distintas filosofías, religiones, corrientes del pensamiento han venido a intentar sanar o justificar esa herida. Pero ahora, en la modernidad, directamente nos desangramos por esa herida sin saber de su existencia. No existe el planteamiento sobre el ser, hemos dejado de ser para meramente existir, hipnotizados por un modelo social erróneo y decadente.

Hay luz al final del túnel, no pasa nada por rectificar, dicen que incluso es de sabios. Quizás los avances no hayan sido tales y haya que descartar ciertas tecnologías. Quizás los modelos de explotación intensiva del campo necesiten repensarse. Quizás nuestros abuelos y anteriores no lo hacían tan mal después de todo. Quizás el acceso temprano a las nuevas tecnologías no haya revertido en los resultados académicos y comportamientos sociales que esperábamos. Quizás la información gratuita y accesible para todos haya hecho imposible el encontrar contenido de valor en un vertedero infinito llamado internet. Quizás, un gran avance, sea retroceder en algunas cosas. Y remarco el “quizás” porque yo tampoco tengo la solución, pero creo que la solución pasa por fomentar un espíritu crítico, por fomentar el pensamiento y la razón. Así que ya sabe, querido lector, si me ha aguantado hasta aquí el tocho que le he endosado, ahora le queda pensar por usted mismo, esta será probablemente la más difícil de las aventuras.

He vuelto.

Josete