Un bien escaso

7 Apr 2026 · Filosofia

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí; si me lees desde hace tiempo, sabes perfectamente que no soy fiel a horarios ni a calendarios editoriales. Llevo un par de semanas dándole vueltas al tema del tiempo, a raíz de una frase que escuché no hace mucho:

“El tiempo es lo más valioso y escaso que podemos dedicarle a otro”

No tengo ninguna duda de que el tiempo es valioso; lo que me llamó la atención especialmente fue la parte de la escasez. ¿De verdad el tiempo es escaso? Pero claro, cuando uno empieza a pensar en algo, va hilando durante el día en relación con esa idea y, durante la Semana Santa, si le pegas un ojo a los Evangelios, te das cuenta rápido del sistema horario de por aquel entonces: cuatro vigilias por la noche y luego las horas según el tiempo desde el amanecer (tercia, sexta, nona…). Era una referencia temporal muy poco concreta y anclada en el amanecer y anochecer, es decir, al ciclo natural del día. No hacía falta más concreción; cuando había luz del día se trabajaba y en la oscuridad se descansaba. No era necesario cronometrar el guiso (sin irnos tan lejos cronológicamente, nuestras abuelas tampoco lo cronometraban), que ahora la cocina parece una ciencia exacta… Mucha tontería es lo que hay, pero ese es otro tema, que me disperso.

Puede que hayamos comenzado a hacer del tiempo un bien escaso en el momento en el que hemos decidido desligarlo del transcurrir natural de los días: entramos a trabajar de noche, salimos también de noche (en algunas épocas del año especialmente) y los niños se pegan de sol a sol en el colegio. Como el reloj dice que son las seis de la mañana, ya me tengo que levantar, aunque queden dos horas para el amanecer; y como dice que son las nueve de la tarde, aún no me puedo acostar, aunque ya haga dos horas que es noche cerrada. El tiempo se ha vuelto frío, de laboratorio, desligado de nuestra realidad vital; el reloj es un tirano al que le hemos dado superpoderes sobre nuestra vida y nosotros, en lugar de protestar, lo hemos celebrado, planificando actividades hasta las mil y explotándonos en jaulas de hormigón con halógenos, independientemente del día o la noche. Que no digo yo que no haya que trabajar, que el trabajo es muy bueno, pero quizás hay que pegarle una vuelta al modelo…

Séneca dijo que “no es que tengamos poco tiempo, es más bien que desperdiciamos mucho”; y es totalmente cierto, especialmente ahora que tenemos esos sumideros de tiempo que son los teléfonos con internet, redes sociales, etc. Una hora sentado esperando sin un teléfono se hace larga; viendo vídeos de veinte segundos, ni te das cuenta de que ha pasado la hora.

Otro aspecto de la dictadura de los dispositivos salió en una conversación con un amigo (si me estás leyendo, aprovecho para saludarte). Me comentaba que ha dejado de usar el Garmin a diario por la presión que le generaba. Ambos tenemos el mismo modelo y hemos hablado un montón de veces de lo interesante que son las métricas de la VFC que ofrece para saber cómo está respondiendo el sistema nervioso a la carga de entrenamiento. Recientemente, ha probado a vivir sin él puesto, sin métricas, y ha notado que entrena sin estar tan sugestionado. Puede parecer una tontería, pero a mí también me condiciona cuando leo en el reloj que estoy fuera de rango en la VFC o que la calidad del sueño ha sido pésima… ¿Necesitamos tanta información? Pues probablemente no. Un deportista medio (más de 8 horas a la semana de entreno) seguro que no, un sedentario ya ni te cuento… En nuestro caso, no estábamos tan mal; ninguno tenía las notificaciones del teléfono activas en el reloj; ese es otro nivel de dependencia, creo que eso es como encadenarse. Yo me estoy planteando volver a un reloj lo más sencillo posible.

Creo que podríamos vivir con relojes que marcasen solo la hora, ni siquiera los minutos; desgranar tanto el tiempo nos está llevando a no apreciarlo y perderlo. Tareas, métricas, KPI, estadísticas, agendas… Hemos complicado todo demasiado. La vida sigue siendo la misma que hace dos mil años y las cosas verdaderamente importantes por aquel entonces también lo son ahora; y si consideras que ahora tienes cosas más relevantes que hace dos milenios, simplemente es que estás valorando como relevantes cosas accesorias; dale una vuelta.