Tenemos que hablar

10 Feb 2025 · Filosofia

Creo que estamos sustituyendo las conversaciones tradicionales por la mensajería instantánea, y en ocasiones lo hacemos casi convencidos de que es un avance. Esto está muy bien para cosas sin valor, poco importantes o de mera rutina. Como un mail en el trabajo. Pero es una forma de comunicarnos bastante pobre si lo que pretendemos es hablar, interaccionar con otro ser humano.

Un WhatsApp no sirve.

Si de verdad te preocupa alguien y sientes aprecio por él, mandar un triste mensaje con un “Hola, ¿qué tal todo?” (he sido optimista poniendo los dos signos de interrogación, lo normal es que solo vaya el de cierre) no es suficiente. O al menos no debería serlo. Lo que pasa es que se ha normalizado que las amistades se mantengan a base de intercambiar con cierta frecuencia unos mensajes. Lo ideal es quedar para hablar, compartir tiempo. Alguno dirá que antes se mandaban cartas, efectivamente. Solo que la redacción de una carta implica una dedicación de tiempo mayor, esfuerzo, espera… son cosas que hacen que la comunicación por carta sea casi mágica para quien sabe apreciarlo. No se puede comparar a un mensaje breve.

Deberíamos apreciar muchísimo cuando alguien nos dedica su tiempo, para conversar, idealmente en persona, menos ideal mediante una llamada. Porque no es broma, nos está dando un poco de su vida. Ha decidido gastar su tiempo en nosotros. Tenemos un tiempo limitado, elegimos constantemente en qué lo gastamos (da vértigo pensar la de “vida” entregada a pantallas por la adicción a la dopamina…)

Inversamente, tenemos la posibilidad de dar parte de nuestro tiempo a otros cuando echamos un rato con ellos. De donar parte de nuestro tiempo. Una pasada.

Hay que darle la vuelta.

Y no se sociabiliza igual en persona que mediante aplicaciones y pantallas. No hace falta base científica para esta afirmación, es sentido común. En nuestras manos está darle la vuelta a la situación y comenzar a llamar más a la gente, quedar para un café y charlar o para comer. Hay que cambiar la creencia de que con un mensaje para saber qué tal todo sirve. ¿Cómo? Pues empezando nosotros mismos. Eso contagiará a nuestro círculo.

No atiendo WhatsApp.

Te pongo un ejemplo personal: hace tiempo me pasé a la versión bussines de WhatsApp para poder configurar una respuesta automática. Cuando alguien me escribe, les contesta automáticamente algo así:

Esto me ha costado críticas, amenazas y enfados reiterados de gente que se frustra al ver que paso olímpicamente de ellos por ese canal. Porque claro, al mensaje ese le acompaña un silencio total los fines de semana, por ejemplo, que no miro esa app.

¿Y qué ha pasado? Pues que la gente termina por llamarme más. Se han acostumbrado (a la fuerza ahorcan…) Con esto he ganado dos cosas, en primer lugar hablo más con la gente y de una forma más directa. Otra ganancia es la del tiempo, muchas conversaciones se arreglan antes mediante una llamada que con doscientos mensajes. No pongo en duda la utilidad de este tipo de mensajería, simplemente creo que su uso debería ser más comedido por nuestra parte.

¿Qué opinas? Te leo en los comentarios.

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