No he parado en todo el día...

13 Jan 2025 · Filosofia

Una realidad que seguro que has experimentado (al menos a mí me ha pasado), días de no parar, de hacer mil cosas, ir a doscientos sitios… No has respirado un segundo. Y al final del día, ¿de verdad he sido productivo o simplemente me he mantenido ocupado? Es muy distinto… y tiene sus trampas. Esta semana, leía a Seth Godin en su blog:

Busy is a morally superior distraction. Busy gets us off the hook. Busy is a great place to hide. Seth Godin

Sintomatología: ocupación extrema

Da la sensación de que, en la sociedad actual, hay que estar muy ocupados. En la actividad laboral hay que estar a tope constantemente. Listas de tareas, multitarea, si es preciso, atender a una reunión mientras se hace cualquier otra cosa… Todo eso es estar atareado. Un no parar. Las empresas pagan a los trabajadores para que hagan cosas, lo importante es no estar quieto.

Pero, desde mi punto de vista, hay dos posibles enfermedades subyacentes a este estado de ánimo o enfermedad de la “ocupación máxima”. La primera de ellas sería el desconocimiento. En muchas ocasiones el no saber hacer las cosas bien, o no saber cómo ser más productivos, nos lleva a intentar hacer muchas cosas, ignorando que así ponemos el peso en la cantidad en lugar de en la calidad. Ese problema es fácilmente remediable parandose a pensar un poquito. En esta enfermedad caen muchas empresas, y en ocasiones es letal.

Lo grave es cuando nos mantenemos ocupados para no ser productivos, cuando nos escondemos en la ocupación. Esta enfermedad se da más en los individuos, es una especie de camelo, de hipocresía sibilina, que no se percibe a simple vista.

El escondite de la ocupación

Suena raro, pero es que en ocasiones es más fácil estar ocupado haciendo tareas que ser verdaderamente productivo. Y esto se puede extrapolar a la vida personal también, nos entretenemos en tareas menores, que dan la sensación de ocupación; pero aplazamos las cosas verdaderamente importantes. Por miedo, por pereza, por el motivo que sea.

Generalmente, las tareas que realmente tienen impacto, requieren más tiempo y más esfuerzo. O requieren parase a pensar, a planificar. Este detenerse está bastante penalizado según en qué sectores. También da pereza el tener que pensar y planificar. Es más cómodo ir aplazando… y mientras tanto me mantengo liado en mil tareas que no llevan a nada.

La artesanía de la productividad

Otro punto a favor de estar ocupado es que, socialmente y laboralmente, está bien visto, está de moda. La sociedad y las empresas apuestan en muchos casos por la cantidad. El poeta castellano ya lo avisó hace tiempo:

Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas. Antonio Machado

Pero la sociedad del hiperconsumo, de la aceleración, prefiere realidades inmediatas y menos duraderas o de peor calidad. Por eso la artesanía y el arte están pasando tan malos momentos.

Pero el verdadero valor de una tarea, es el realizarla con la dedicación de un artesano, de un artista si se quiere. Ser productivos es crear valor y calidad. Da igual que sea en casa, en el trabajo o en un proyecto personal. Sigue comentando el bueno de Seth:

There’s nothing wrong with hiring yourself to do things you enjoy. And it’s imperative that when you embrace leverage to get projects done, you produce work you’re proud of–shipping junk, at scale, is not the point. Seth Godin

Volver a la esencia

Volver a conectar con nuestro trabajo, con nuestras obligaciones. Hay salida para la vida moderna, en Memento Natura la hemos encontrado. Valorar el tiempo, apreciar cada instante y eliminar lo superficial. Apagar las pantallas, demorarse, desconectar y bajarse del tren de alta velocidad. Escapar de la ansiedad, del estrés y de la falta de sentido. Encontrar la felicidad, la plenitud y la tranquilidad. Disfrutar los momentos del presente, tener la satisfacción del pasado y esperanza en el futuro.

El último que cierre y apague la luz

Antes de salir, recordarte que hoy se publica nuevo post en la web, hablamos de posibles remedios para el estrés.

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El artículo que he citado de Seth Godin lo tienes entero aquí.