Nihilismo y carrera de la rata
Nihil, nada → ni-hilum, ni una hebra. Ojo, no confundir hilum con hilo; hilo proviene de filum. ¡¡¡¡Más latín y menos inglés en las clases!!!!!
Es viernes y vengo con ganas.
Mientras mis hijos se peleaban en el parque y sembraban el caos y la destrucción (esto último sobre todo el pequeño), yo le daba vueltas al nihilismo y a la modernidad. Soy capaz de abstraerme en entornos hostiles para desagrado de mi señora, que considera más importante la supervisión de la integridad física de los niños que la reflexión sobre la levedad del ser.
El caso es que pensaba en Nietzsche, ese señor con un gran bigote y un aún más grande intelecto. Es el típico autor del que muchos hablan y pocos han leído, y aún menos han llegado a comprender. En mi caso, me encanta volver al bueno de Friedrich y tener acaloradas discusiones con él. Nietzsche era filólogo, cosa bastante importante; y haciendo bien su profesión, ahondó en Grecia, hasta toparse con una herida que desde entonces lleva abierta, y trató de pensar y filosofar sobre ella. Anteriormente, ya te he hablado alguna vez sobre la menis de Aquiles, no seré pesado ahora con ello de nuevo.
A Nietzsche se le conoce popularmente por aquello de “Dios ha muerto”; y eso es, para la mayoría de la gente, todo lo que saben de Nietzsche. Y en relación a esta muerte de la deidad se encuentra la corriente nihilista, una de las posibles respuestas sobre la existencia. Así, a muy grandes rasgos (Susana, si estás leyendo esto, te pido disculpas por anticipado por simplificarlo tanto), el nihilismo es la afirmación sobre una falta de sentido inherente en el mundo (lejos de la teleología clásica o de la que yo te hablé en el anterior artículo a grandes trazos). El audaz Nietzsche vio en la caída de los valores tradicionales (eso era la muerte de Dios, no un mero ateísmo) una oportunidad para construir. Es decir, la nada a la que el hombre se enfrenta ante la pregunta de su existencia no tiene por qué ser un pozo de pesimismo, sino un momento para construir unos valores nuevos alejados de aquellos más espirituales que habían calmado la herida de la existencia durante tanto tiempo.
—Pues nada de eso ha sido así, bro. El colega Nietzsche subestimó la idiotez humana. Bro.
¿Sabes de qué le culpo a Nietzsche? De habernos dejado frente a un desierto y en haber confiado en que sabríamos peregrinarlo. Pero contemplo la vida moderna, y creo que seguimos en ese desierto, pero hemos dejado de plantearnos que estamos en él. Se ha intentado desbancar los valores que Nietzsche criticó; en gran parte se ha conseguido, pero el pueblo, vago para el pensar, se ha construido otros dioses. Quizás menos dogmáticos, pero más controladores.
La carrera de la rata. Trabajar, ganar algo de dinero, empezar a pagar a plazos algo, terminar de pagarlo para empezar con nuevos plazos con otra cosa. Intentar ganar más, gastar más, estar igual que cuando empezaste. Esto no es un dios ni un compendio de valores morales. Es peor. Es una distracción que nos subyuga a correr sin pensar en el porqué de esta carrera. La herida sigue ahí, tan latente como cuando Homero, pero no tenemos tiempo para pensar en ella. Frente al nihilista Bazárov (Padres e hijos, Turguénev), loco por la disección racional, hoy tenemos un nihilista distraído, sedado, atolondrado; que ni siquiera sabe que lo es.
Las redes sociales. Dios ha muerto, seamos dioses. Vivimos en el culto a nosotros mismos, desbordados de ego, tratando de aparentar aquello que nos gustaría ser; pendientes de agradar, de ser populares. Y mientras tanto, la herida de la existencia la silenciamos con likes, seguidores, scroll y demás porquería.
¿Y los medios? La sociedad de la información… Gerede (discurso vacío para Heidegger). Mira, leía en Fahrenheit 451 (Ray Bradbury):
Pregúntate a ti mismo: ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? «Quiero ser feliz», dice la gente. Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones? Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se lo facilita en abundancia.
[…]
Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía.
¿Y qué hacemos? ¿Cómo salimos de esto? Pues muy fácil: pensar, leer, filosofar, divagar, razonar… No te compres una moral o un conjunto de valores a plazos (ni permitas que te los vendan); piénsalos. Dale vueltas hasta que se te haga insoportable la levedad del ser, hasta que te dé auténtico vértigo, hasta que te atormente. La razón no está para confortarnos, está para incomodarnos.
Suficiente tormento por hoy.
Ahora piscina, playa, siesta, café con hielo…
¿Te imaginas a Nietzsche saliendo de la piscina con su poblado bigote mientras le grita al socorrista en alemán Die Affen sind zu gut, als dass der Mensch von ihnen abstammen könnte!!!* enojado y loco de ira por culpa de unos chiquillos que le han salpicado con la pelota???
Me ha dado mucho el sol. ¡Buen finde!
*Tradúcelo tú si te interesa, o mejor: aprende alemán.