Manda todo a tomar...
Hay que acostumbrarse a un alto ritmo demandante; puedes con todo, dicen. Hay que aprender a manejar la ansiedad y el estrés, dicen. Bueno, está bien, pero también puedes mandar todo a tomar por el cu** y ya está. El estrés lo puedes gestionar o puedes pasar tres kilos de la situación que te produce estrés. Y si el trabajo es una fuente de ansiedad, pues a lo mejor hay que plantearse cambiar de trabajo. Si sientes que la ciudad se te ha vuelto inhabitable, la solución no pasa por hacer mindfundles antes de salir al atasco de por la mañana; quizás sea más pragmático mudarse y empezar una vida nueva. Pero es que eso son muchos cambios… Pues nada, a seguir gestionando estrés. Yo prefiero evitarlo antes que gestionarlo, pero cada uno a su movida.
Nos complicamos la vida nosotros solitos, y la corriente dominante nos fuerza a sobrevivir en situaciones que se han normalizado, sin ser normales. Mirar el mail de forma compulsiva, contestar a cada mensaje que nos entra por WhatsApp y responder al teléfono siempre que llaman no es obligatorio. Puedes apagar el teléfono y quedar incomunicado que no va a pasar nada. De haber un apocalipsis zombi (uno de los peores escenarios imaginables, creo), te acabarías enterando; no necesitas las notificaciones de TikTok para ello.
Y en todo este panorama de ansiedad autogenerada crecen los gurús que te dicen que te levantes a las 5 am (debería estar penado con cárcel solo el recomendarlo…), que bebas agua con sal y tomes té matcha. Que tu calidad de vida depende de que “adquieras” buenos hábitos y para ello te diseñan un planner en el que vas marcando en una casilla logros; y luego en una lista registras las veces que vas a descomer, para llevar control de la flora intestinal y esas cosas. No te olvides de hacer esos 7000 pasos y subir 10 pisos. Controla también el sueño; mira de pasar el suficiente tiempo en REM, no sea que, si no te dice un reloj que has dormido bien, tú no te hayas dado cuenta y vayas por la vida derrochando energía que no tienes… Todas esas precauciones me traen a la memoria una anécdota sobre cómo una persona celíaca estaba preocupada por si determinada droga tenía o no gluten… Los camellos tienen que etiquetar los alérgenos, que son unos desconsiderados.
Si nuestros bisabuelos viesen todo esto, se troncharían de risa; nos hemos vuelto unos completos inútiles. Resulta que ahora no sabemos vivir y, para comprobar que estamos viviendo de la forma adecuada, tenemos que llevar un control y métricas. Pero me he ido por los cerros de Úbeda; yo hoy venía a decirte que, si algo te genera ansiedad, quizás la solución no sea “gestionar la ansiedad” y pase por pegar un portazo, irse lejos y mandar todo al carajo. Porque está claro que hay situaciones de presión justificadas en las que hay que saber manejarse y apretar los dientes, pero eso han de ser momentos puntuales; en el momento en el que se vuelve crónico, hay dos opciones: o tú no estás listo para ello y tienes que salir de ahí, o simplemente se ha entrado en un bucle absurdo de exigencia, caso en el que también tienes que salir de ahí, cuanto antes. Ojo, hablo de la esfera profesional; las relaciones personales no se arreglan ni huyendo ni con portazos; ese es otro tema mucho más complejo…
Ya está la primavera a la vuelta de la esquina; no es época para estar con agobios. Hay que ir soltando lastre, que las flores de los cerezos no entienden de parámetros ni de hábitos adquiridos. ¿Te das cuenta de que ya queremos primavera y, en cuanto la tengamos, querremos verano? Somos unos ansias. ¿Qué opinas? Te leo.
Nos leemos, Josete.