El significado del tiempo

6 Jan 2025 · Filosofia

El otro día, mientas esperaba a que saliese el café de mi tradicional cafetera italiana, reflexionaba sobre cómo hemos perdido las referencias temporales por acelerar las cosas. Pensaba que esa sensación que a veces parece invadir a toda la sociedad, sobre que el tiempo vuela, se agrava porque hemos pedido la referencia de la duración de las cosas.

Maldito tren

La culpa la tiene la aparición de los medios de transporte como el tren. Ahí empezó todo. En ese momento, comenzamos a reducir el tiempo que lleva recorrer una distancia de forma natural. Esto tiene una implicación trascendental importantísima. Perdió valor para nosotros el desplazarnos muy muy lejos. Pasa hoy con respecto a generaciones anteriores que no tenían las conexiones aéreas que tenemos hoy en día.

No soy tan raro como para considerar que deberíamos volver a ir andando a los sitos, pero en muchas ocasiones, para apreciar el avance que supone coger ese vuelo de una hora y media, vendría bien calcular cuanto llevaría ese trayecto sin medios. Esto nos podrá en el plano de valorar la distancia del destino y el “esfuerzo” que conlleva el desplazamiento.

Otro enemigo, la olla exprés

Seguramente ya sabes por dónde voy, la olla exprés nos ha privado de la sensación de esperar horas y horas a que los garbanzos estén listos. Ahora un cocido es algo casi inmediato (45 minutos en el anillo 2 si te lo estás preguntando, mucho menos si compras los garbanzos ya cocidos…).

En el fondo, lo que perdemos si no nos detenemos a examinar estos avances, es el valor del tiempo que tienen las cosas.

Medir por tiempo

Una pieza de artesanía suele ser más cara que una fabricación industrial, entre otros detalles, porque lleva más tiempo realizarla. Estamos pagando también la diferencia de tiempo en la producción, valoramos el tiempo empleado. Si trasladamos esto a nuestro día a día, le podemos sacar brillo a muchísimas cosas. No puede significar lo mismo aquello que lleva diez minutos a lo que cuesta dos meses.

En la época de la inmediatez, de los envíos en 24 horas y la comida precocinada, aprender a esperar, a apreciar el tiempo que lleva algo en realizarse, es una forma extraordinaria de reconectar con nuestra existencia y con nuestro tiempo.

Tener la referencia

Es evidente que agilizar procesos es un progreso. El problema considero que está en olvidar el proceso original y su duración, es decir, perder la referencia. Igualmente, acelerar cosas es un avance en determinados campos, en la vida personal creo que no. Pierdo más que gano acelerando las cocciones de los alimentos, tomando café en cápsulas o comprando comida precocinada.

Vivimos acelerados porque aceleramos nosotros el tiempo. Queremos que las series las publiquen de golpe porque no sabemos esperar a una entrega por fascículos. Nos molesta si el envío no es en 24 horas. Pretendemos que nos contesten a nuestros mensajes al momento, aceleramos los audios y los pódcast para oír las cosas más rápido…

No se trata de ahorrar tiempo, es más bien sobre apreciar el tiempo. Esto debería ser una máxima, sobre todo cuando hablamos de relaciones humanas. Haz la prueba, busca hacer las cosas con más calma, sin acelerar los procesos naturales. Tendrás una sensación mayor del paso del tiempo, de que no va tan rápido.

Bonus track

Te dejo el link al artículo del blog de esta semana en el que hablamos sobre como luchar contra la sensación de desbordamiento.

Y si te ha gustado el post de hoy, te recomiendo como lectura “El aroma del tiempo” de Byung-Chul Han.

Ánimo con el mes de enero, ¡una parte muy positiva es que los días ya son más largos y hay más tiempo de sol!

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